(Perú) El matrimonio entre personas del mismo sexo como reafirmación de derechos civiles y constitucionales

El autor considera en el presente ensayo que consagrar el matrimonio homosexual en los ordenamientos jurídicos es reafirmar derechos constitucionales (dignidad, libertad individual, igualdad y no discriminación, identidad, derecho a fundar una familia y contraer matrimonio) y civiles de las personas (adopción, alimentación, herencia, seguro, pensión, etc), derechos esenciales sin los cuales sería inviable una sociedad libre.

Por: Dr. William Rabanal Palacios*

La historia del hombre es la historia de la conquista de su libertad y sus derechos. A través de la historia ha buscado nuevos rumbos, nuevos horizonte donde sentirse libre y realizado. En sus inicios el hombre se ve sometido al mito y a la religión. Su espíritu se encontraba subyugado al grupo o manada y esto lo encontramos, incluso, en las grandes ciudades de Grecia y Roma donde el hombre no era nada sin la ciudad o Patria. La ciudad era su vida, él parte de un todo. Evidentemente nos encontramos ante una sociedad cerrada con una moral totalitaria. El hombre no existía como individuo sino que era parte del engranaje de esa sociedad. Valía todo dentro de la ciudad cerrada, no era nada fuera de ella. No podía cuestionar ni  sus costumbres ni dioses, caso contrario eran eliminados por el trago de la cicuta. Como dice ALBERDI “El hombre individual se debía todo entero a la patria; le debía su alma, su persona, su voluntad, su fortuna, su vida, su familia, su honor, etc”[1].

El despertar de su individualidad y sus derechos empieza cuando se dijo “amad a tu prójimo como a ti mismo”. Allí encontramos el germen de la individualidad del hombre y la conquista de sus derechos. Esta conquista ha sido una lucha permanente, llena de dolor, sufrimientos y, algunas veces, sangre. Los estados autoritarios o totalitarios jamás cedieron voluntariamente derechos y libertades a los individuos. Éstos tuvieron que ser arrancados paulatinamente de las extrañas íntimas del Leviatán, tales como la igualdad ante la ley, la libertad, la propiedad, la dignidad, etc.

El matrimonio homosexual en la historia

En pleno siglo XXI, esta misma suerte corre el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo. En muchos de los estados del planeta éste derecho es negado porque aún impera la moral totalitaria, lo que hace que el matrimonio, según la ley, sea un monopolio exclusivo de una pareja heterosexual. De esta manera las parejas homosexuales terminan siendo los excluidos y marginados de las “sociedades civilizadas y modernas”.

Sin embargo, no siempre fue así, hubieron épocas en la historia de las sociedades donde las parejas homosexuales no solo fueron aceptadas sino también admitidas, estamos hablando de la Grecia clásica, pese a su moral totalitaria, existieron parejas que han pasado a la inmortalidad: Pisistrato y Solón, Alejandro Magno y el novio de su juventud, Aquiles y Patroclo. Se dice que Safos fue la promotora del lesbianismo griego, y en su academia, donde se adoraba a Afrodita, promovió el amor entre mujeres, tuvo muchos amores con adolescente y terminó suicidándose al no ser correspondida por una de ellas. En Roma, la pareja más conocida son: Adriano y Antonio, Julio Cesar y el Rey de Babilonia. Nerón fue el primer emperador que se casó con otro hombre.

Durante la edad Media se oficiaron en las iglesias cristianas, sin presencia de sacerdote, las bodas de semejanzas o enlace de hermandad. Dos hombres o dos mujeres se juraban amor sobre un altar y lo anunciaban a la comunidad. En las tribus americanas existía las uniones homosexuales con personas dos-espíritus. Dos espíritus signíficaba que en el cuerpo de una misma persona habitaba un espíritu femenino y otro masculino. Este era tratado como esposa o esposo  por el hombre o la mujer en la tribu que elegía unirse. En Fujian (China) la unión entre varones era permitido, los adultos se unían a jóvenes. Las uniones tenía un límite en años, cumplido el tiempo, el mayor de edad ayudaba al joven a elegir a una esposa. En los siglos XVIII e inicios del XIX, en los Estados Unidos de Norteamérica, se dio el “Boston Marriage” (matrimonio de Boston) que consistía en la unión de dos mujeres que vivían juntas por largo plazo.

Esos espacios de libertad que practicaron algunas sociedades fueron interrumpidos por la interpretación dogmática que se le dio a los preceptos bíblicos. En Roma, el emperador Constancio II en el año 342 DC., reflejando una fuerte influencia del cristianismo, declaró ilegales las uniones homosexuales; sin embargo, no fue sino hasta el siglo XIII con la expansión del cristianismo y el surgimiento del poder absoluto que empezó la intolerancia respecto a estas minorías.

Así, se inició el rechazo la unión homosexual y a la homosexualidad misma. En palabras de Jesús y preceptos del Génesis  encontraron el carácter heterosexual del matrimonio: “el matrimonio es un pacto de toda la vida entre un hombre y una mujer” (Mateo 19:4-6), “Y creó Dios al hombre a su imagen (…) varón y hembra los creó, los bendijo Dios y dijo: fructificad y multiplicaos (…)” (Génesis 1:27-28). Por otro lado, en expresiones de Pablo se encontró el rechazo a la homosexualidad: “Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible (…)  deshonraron entre sí sus propios cuerpos, (…), dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío” (Romanos 1:22-27).

Estos fueron los argumentos que se esbozaron para impedir la diferencia en una sociedad plural y empezar persecuciones encarnizadas contra los homosexuales y sus derechos. Así, pusieron en vigencia legislaciones que no solo violaban el derecho igualdad ante la ley sino la propia libertad ambulatoria. Ejemplo de esta barbarie, tenemos a la España de Francisco Franco (1939-1975), quien mediante ley de 15 de Julio de 1954 consideró a los homosexuales peligrosos para la sociedad, conjuntamente con los rufianes y proxenetas[2]. Llevó a la cárcel a más de 5000 personas. En 1970, la ley se modificó, ya no era suficiente ser gay o lesbiana para ser confinado, sino que había que ser sorprendido realizando actos homosexuales. Los condenados eran recluidos en centros penitenciarios, los pasivos iban a Badajoz y los activos a Huelva.

En los estados comunistas, especialmente en la Rusia soviética de Stalin, se dictaron leyes penales contra los homosexuales y se iniciaron persecuciones feroces contra los mismos. El artículo 121° del código penal soviético prescribía hasta cinco años de pena privativa de libertad para quien realizaba actos sexuales con persona de su mismo sexo. Por este artículo, entre 1934 y 1980, se emitieron sentencias condenatorias a cerca de cincuenta mil homosexuales, los que fueron enviados a los gulag donde sufrían torturas y tratos humillantes de otros reclusos. En el caso Cuba, con la llegada al poder de Fidel Castro, se proclamaba un nuevo hombre y se exaltaba la masculinidad. Se persiguieron a los homosexuales y se confinaron en campos de concentración. En síntesis, en los estados comunistas, URSS, China, Alemania Oriental, los homosexuales fueron denunciados, despedidos de sus trabajos, encarcelados, deportados y, en algunos casos, castrados o incluso ejecutados”[3]. Los comunistas, fiel a su ideología, consideraban que la homosexualidad era contrarrevolucionaria y producto de la clase explotadora, por ello, sostenían que dichas minorías no tenían cabida en su ilusoria sociedad igualitaria y sin clases.

Ello, no quiere decir que la discriminación por razón de sexo es exclusivo de los estados autoritarios o totalitarios sino que incluso en los estados democráticos las mayorías imponen su tiranía y anulan la individualidad de las minorías o grupos diferentes. Las mayorías totalitarias solo admite al individuo como parte integrante de la totalidad no como ser individual. Aquellos que no se alinean a sus normas, dogma o religión simplemente son despreciados, perseguidos, torturados y/o eliminados. Como señalaba STUART MILL[4] “La sociedad puede ejecutar, y ejecuta de hechos sus propios decretos; y si ella dicta decretos imperfectos, o si dicta a propósitos de cosas en que no se debería mezclar, ejerce entonces una tiranía social mucho más formidable que la opresión legal; pues, si bien esta tiranía no tiene a su servicio tan fuertes sanciones, deja, en cambio, menos medios de evasión; pues penetra mucho más a fondo en los detalles de la vida; llegando hasta encadenar el alma”. 

El matrimonio homosexual en sociedades libres

No obstante, en la segunda mitad del siglo XX, a raíz de la revolución sexual y el desarrollo del derecho internacional de derechos humanos, en algunos países de manera paulatina, con resistencia e intolerancia, han incorporado, vía jurisprudencial o legal, como parte de su catálogo de derechos, derechos de los homosexuales y en otros países más sensibles el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo[5].

Los altos tribunales de Derechos Humanos, Tribunal Europeo de derechos Humanos (TEDH) y Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), consecuencia del desarrollo del derecho internacional de Derechos Humanos, si bien no han reconocido el matrimonio homosexual han contribuido al reconocimiento de derechos de los homosexuales. El TEDH empezó por reconocer derechos como la vida privada, la prohibición de discriminación por orientación sexual, paternidad y otros, hasta reconocer derechos a los transexuales. En el caso de CIDH[6] ha construido una fuerte y evolutiva doctrina, opiniones consultivas[7] y sentencias, que protegen el derecho a la igualdad y no discriminación por razón de raza, color, sexo, idioma, y de otra índole; para finalmente pronunciarse de manera favorable respecto de derechos de homosexuales a la vida privada y familiar.

En el caso de los países que incorporaron el matrimonio homosexual tienen como característica principal que se trata de sociedades que se fundan, en cierta forma, en principios libertarios, donde se practica la tolerancia y respecto a la diferencia. Por ello, no basta con tener un estado democrático sino vivir en una sociedad libre, lo que implica que ni la tiranía del estado ni de la mayoría se impone. Una sociedad libre significa que el estado ni la mayoría intervienen en la vida privada de los individuos. Aquí se tolera la diferencia de sus habitantes, no solo en sus ideas políticas, filosóficas o religiosas, sino también en su identidad. Se acepta al otro cómo es y por lo que es. En una sociedad libre no existe el despotismo de la mayoría y el estado tiene como único fin proteger los derechos individuales. El fin del estado no es inmiscuirse en la vida privada de las personas ni en decidir cuál es lo bueno o malo para cada uno.

Las sociedades con moral totalitaria

En el caso del Perú, pese a tener una democracia formal somos una sociedad con moral totalitaria, donde la mayoría o tiranía de la mayoría quiere imponer su unilateral forma de vivir y convivir. La moral que subsiste no corresponde a una sociedad libre o abierta sino es propio de una sociedad tiránica, una sociedad  que atropella la moral individual y la individual forma de vivir. Mientras la moral individual y la individual forma de vivir no trasgreda derechos como vida, libertad y propiedad es una moral y una forma de vivir que deben ser admitidas en sociedad.

Hablar del matrimonio entre persona del mismo sexo en nuestro país es provocar la furia de la tirana mayoría. Es despertar esa bestia salvaje que vive en el subconsciente del colectivo. Fiera que jamás va a permitir que minúsculos individuos alteren su status quo, piensen diferentes, desafíen su tiránica forma de vivir o le arrebaten su alimento diario y favorito: violencia, machismo, racismo e intolerancia.

Por ello, es importante trabajar en el área de las ideas si se pretende desterrar las aberraciones típicas de las sociedades con moral totalitaria. Solo las ideas pueden cambiar las personas y sociedades. Las sociedades libres no siempre fueron tolerantes, tuvieron momentos oscuros en su historia. Fueron las ideas basadas en la libertad y la tolerancia las que las sacaron del oscurantismo y subdesarrollo. Solo las ideas pueden pulir el pensamiento y el subconsciente de las masas o mayorías. Esas ideas son los que deben iluminar su catalogado de valores y constitución si se quiere mudar de moral.  

Nuestra carta magna y su interpretación

Las ideas basadas en la tolerancia y libertad permiten que antiguas instituciones que rigen nuestra sociedad puedan ser interpretadas y aceptadas conforme a su desarrollo histórico. Así, nuestra actual constitución (art. 4)[8] no consagra el matrimonio homosexual pero tampoco lo prohíbe. Esto es así porque el matrimonio no es una institución estática que surgió y se congeló en el tiempo.  Ha pasado de ser solo religioso a también civil, de prohibirse la disolución del matrimonio (divorcio) a permitirse. Hoy se pretende pasar de ser solo heterosexual a también homosexual. Si la institución cambia, las normas que regulan también cambian o, en todo caso, la interpretación de éstas.

Las normas se deben interpretar de acuerdo al momento histórico. La interpretación del siglo XX no puede ser la del siglo XXI. Si las condiciones sociales, políticas y económicas cambiaron la interpretación también debe cambiar. La interpretación de normas se hace de acuerdo a la evolución de las sociedades. Si las normas constitucionales del siglo XX se interpretaban de acuerdo a los parámetros de las uniones heterosexuales. Hoy se debe hacer de acuerdo a las uniones homosexuales y transexuales. Son las uniones que existen en sociedad. No se puede interpretar las normas constitucionales con los parámetros de las uniones heterosexuales.

Lo real es que nuestra constitución no prohíbe el matrimonio homosexual. La magna lex solo promueve el matrimonio y lo considera instituto natural y fundamental de la sociedad. Promover el matrimonio significa que la sociedad civil y la sociedad políticamente organizada facilita que dos personas puedan unirse a través del instituto jurídico del matrimonio y de esta manera generen derechos y obligaciones entre ambas. No promueve de forma expresa solo el matrimonio entre un hombre y una mujer, es decir, no promueve el matrimonio heterosexual como el único posible dentro de nuestra sociedad, sino deja abierta la posibilidad de promover y consagrar otras formas de matrimonio, entre ellos, el homosexual y transexual.

Nuestra constitución también señala que el matrimonio es un instituto natural y fundamental de la sociedad; es decir, el matrimonio no es creación ni del estado ni del orden jurídico. El matrimonio es producto de la sociedad. Nace y se desarrolla con la sociedad. Es anterior al Estado. Las normas jurídicas del estado simplemente lo regulan más no lo crean. El matrimonio ha sido y es fundamental para la creación y desarrollo de la familia. El matrimonio es esencial para la sociedad. Si se desarrolla el matrimonio se desarrolla la familia y también la sociedad.

La carta no da una definición de matrimonio y quiénes son sus actores, por tanto, no es necesario llevar adelante una reforma constitucional a efecto de introducir el matrimonio homosexual. En todo caso, se puede adicionar una norma constitucional para ser explicito, en el sentido de prescribir que .. “El matrimonio es la unión de dos personas de distinto o igual sexo (…) a fin de hacer vida en común”. Pero se debe partir de la idea central que nuestra constitución no solo promociona el matrimonio heterosexual.

La constitución también consagra que las formas de matrimonio son reguladas por la ley. Nuestra lex fundamentalis otorgó al legislador la potestad de desarrollar el contenido del derecho al matrimonio, empero, ello no quiere decir que otras formas de matrimonio o uniones civiles estén prohibidas o desprovistas de protección jurídica. El hecho que no se encuentren regulados en la ley ordinaria no implica que estén prohibidas o sea inconstitucional. Simplemente existen vacíos de la ley ordinaria[9]. Los supuestos de matrimonio previstos en la ley ordinaria son numerus apertus y no numerus clausus. Estos pueden ser desarrollados por otra ley ordinaria o por la jurisprudencia. Lo que no se puede sostener es que los supuestos previstos en la ley ordinaria sean los únicos[10]. La ley común (código civil) no le puede dar sentido a la ley suprema. La ley madre (constitución) da vida y orienta a las normas comunes.

El matrimonio homosexual como reafirmación de derechos 

Consagrar el matrimonio homosexual en los ordenamientos jurídicos es reafirmar derechos constitucionales de las personas (dignidad, libertad individual, igualdad y no discriminación, identidad, derecho a fundar una familia y contraer matrimonio y otros derechos civiles), derechos esenciales sin los cuales sería inviable una sociedad libre.

HABERMAS[11] afirmaba que “la dignidad humana (…) constituye la fuente moral de la que todos los derechos fundamentales derivan su sustento”. KANT[12] por su parte sostenía que “La autonomía, es, pues, el fundamento de la dignidad de la naturaleza humana y de toda naturaleza racional” (…) “en el reino de los fines todo tiene o bien un precio o bien una dignidad. Lo que tiene precio puede ser reemplazado por alguna otra cosa equivalente; por el contrario, lo que se eleva sobre todo precio y no admite ningún equivalente tiene una dignidad” (…)

En nombre del supremo principio de dignidad humana, los homosexuales, gays y lesbianas, como seres racionales, libres y responsables y con valor especial y único y dotado de dignidad, tienen derecho a decidir libremente con quién contraer matrimonio y fundar una familia. Su condición por orientación sexual no puede ser obstáculo para privarles de los derechos fundamentales que ofrece la sociedad políticamente organizada. La opción sexual no puede ser sinónimo de ostracismo por el ordenamiento jurídico. El ejercicio de su opción sexual no lo convierte en cosa es simplemente ejercicio de su individualidad, en consecuencia, pasible de ser respetada por ser digna.

Consagrar el matrimonio homosexual es reafirmar el derecho a la libertad individual[13]. El permitir  a las personas elegir libremente la pareja con la que desean contraer matrimonio, ya sea hombre–hombre o mujer-mujer, se les está consagrando el derecho natural a su libre elección de realizarse como mejor les parezca. La elección de pareja se hace teniendo en cuenta diversos fines. Estos pueden ser económicos, religiosos, morales, políticos, filosóficos, etc. Cada individuo sabe las razones por la que elige a su pareja que lo va acompañar, tal vez, toda su vida. El estado, bajo ningún argumento, puede intervenir en esa libre y personal decisión más aún si dicha relación no le afecta los bienes jurídicos de terceros o de la sociedad.

Constitucionalizar el matrimonio homosexual también reafirma el derecho a la igualdad y no discriminación[14]. HAYEK[15] afirmaba que “ha constituido el gran objetivo de la lucha por la libertad conseguir la implantación de la igualdad de todos los seres humanos ante la ley. Esta igualdad ante las normas legales que la coacción estatal hace respetar puede completarse con una similar igualdad de las reglas que los hombres acatan voluntariamente en sus relaciones con sus semejantes”. Todas las constituciones de los estados modernos consagran el principio-derecho de igualdad ante la ley y a no ser discriminado por ningún motivo.

Si la Constitución no pretende discriminar a los homosexuales, ya que nadie elige su condición sexual y la sexualidad de adultos es asunto íntimo que no le incumbe al Leviatán, entonces no debería prohibírseles contraer matrimonio. Lamentablemente nuestra ley civil no permite el matrimonio homosexual como si pueden hacerlo los heterosexuales, consecuentemente, se está tratando diferente a los que son iguales, por tanto, las personas no son iguales ante la ley. Si la ley discrimina por orientación sexual, entonces la ley civil es contraria a la constitucional. Por ello, se debe incorporar, vía ley o jurisprudencia, el supuesto de matrimonio entre personas del igual sexo.

Consagrar el matrimonio homosexual es reafirmar el derecho a fundar una familia. Algunas constituciones no consagra de manera expresa el derecho a contraer matrimonio y fundar una familia. Empero contemplan la cláusula de numerus apertus o derechos no enumerados. Esos otros derechos fundamentales de naturaleza análoga se encuentran en las declaraciones, tratados y pactos sobre derechos humanos de las cuales los estados son parte[16].

Nuestra constitución no consagra una definición exacta de lo que debe entenderse por familia, solo señala que la familia es un  instituto natural y fundamental de la sociedad (art. 4 C.), por ello, cuando la carta marga hace mención a familia, ésta comprenderá todos los modelos de familiar que se registran. Es decir, la familia no solo es la familia nuclear (padre, madre e hijos) sino también la unión de dos personas sin contraer matrimonio o sin hijos. También la familia no se debe circunscribir al matrimonio sino también las uniones de hecho. La familia no solo la funda un hombre y una mujer. Esta no está supeditada a que las personas que le dan origen tengan sexo diferente, las normas culturales ni jurídicas la consagra así; como señala RAMIREZ PARCO[17] “Nuestra constitución no condiciona su origen o formación al sexo de quienes la integran, motivo por el cual, la unión o pareja del mismo sexo –lo que hoy se conoce como “familia homoparental”- definitivamente está comprendida en la definición de la institución bajo análisis”.

Constitucionalizar el matrimonio homosexual es reafirmar el derecho a la identidad[18]. La identidad en términos generales es todo aquello que es propio y único de una persona y que lo diferencia de otra. En términos del Tribunal Constitucional[19] el derecho a la identidad personal es el derecho a que la proyección social de la propia personalidad no sufra interferencias o distorsiones a causa de la atribución de ideas, opiniones, o comportamientos diferentes de aquellos que el individuo manifiesta en su vida en sociedad.

Como señala VARSI ROSPIGLIOSI y CHAVES[20] la orientación sexual es parte de la identidad. La sexualidad es un elemento personal, individual y constituye parte esencial del sujeto, así como la raza o el origen étnico. Es una característica personal inmutable, independiente del control de la persona. Agregan los citados autores, la homosexualidad es parte de la identidad, es inherente a la persona (como tener ojos verdes o marrones, ser zurdo o diestro, etc). La identidad sexual debe ser vista como una clave central para el libre desarrollo de la persona humana y la orientación sexual no es un problema de opción, de elegir, sino que es algo que está en las profundas raíces de la sexualidad humana.

Permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo es reconocer el derecho individual a la identidad u opción sexual. Legalizar que personas del mismo sexo se unan jurídicamente en el fondo se está reconociendo que estas desarrollen su sexualidad como mejor les parezca y con quien se sienten bien.

Consagrar el matrimonio homosexual es reafirmar derechos civiles como: el derecho a la adopción, a la herencia, al seguridad social, a la pensión de sobrevivientes, el derecho a la alimentación, a la nacionalidad si la pareja es extranjera, incluso otros derechos de carácter administrativo, como que el compañero/a se beneficie del Seguro Obligatorio de Tránsito (SOAT) si la pareja sufre accidente de tránsito y demás derechos que adquieren alguno de los cónyuges cuando se constituye un matrimonio heterosexual.

Conclusión

Los derechos constitucionales y civiles se adquirirían de manera automática si la legislación permitiera el matrimonio homosexual. Incluso el reconocimiento de este tipo de matrimonio tendría repercusión en el sistema penal. Se incorporarían supuesto penales, como por ejemplo, si uno de  los integrantes de la unión quita la vida al otro se podría considerar como agravante del delito de homicidio o de manera independiente como delito de parricidio o femenicidio. En el proceso penal la pareja perjudicada podría constituirse en actor civil y solicitar la reparación civil. En el área penitenciaria se permitiría el beneficio penitenciario a la visita íntima, etc.

En conclusión, el siglo XXI deber ser la consagración de los derechos de estas minorías, especialmente el matrimonio. Va a ser difícil pero esa parecer ser una de las reglas que gobierna la convivencia del ser humano: superar lo prohibido. Hace 500 años se prohibía mencionar que la Tierra giraba en torno al Sol. Hace 300 años se prohibía la libertad de los negros. Hace 100 se prohibía el voto de las mujeres. Sin embargo, no desapareció la religión ni la humanidad cuando se comprobó que el sol es el centro del sistema planetario. No se acabó la democracia cuando a las mujeres se les otorgó el derecho al voto. No se quebró la economía cuando se dio la libertad a los negros esclavos. No se destruirán las familias ni las sociedades si permitimos que los gays o lesbianas se casen. Sólo les habremos devuelto algo que les pertenece desde antaño: sus derechos civiles y constitucionales.

*Fiscal Provincial Titular de la 3° Fiscalía Provincial Penal Corporativa de Trujillo. Magister en Derecho Constitucional y Derecho Humanos por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Docente Universitario en Derecho Constitucional por la UCV-Filial Trujillo

Referencias bibliográficas

*Extracto de la tesis con el mismo título para optar el grado de Magister en Derecho Constitucional y Derechos Humanos por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
ALBERDI, Juan Bautista. La Omnipotencia del estado es la negación de la libertad individual. Disponible en: <www.elcatoorg/La-Omnipotencia-del-estado-es-la-negación-de-la-libertad-individual>.
HABERMAS, Jurgen. El concepto de dignidad humana y la utopía realista de los derechos humanos, LVDianoia, mayo 2010.
HAYEK F.A.   Los  Fundamentos  de  la  Libertad,  Ed. Fomento de Cultura, Valencia, 1961, T. I.
KANT, Enmanuel. Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Trad. Castellana Norberto Smilg Vidal, Madrid, Santillana 1996.           
RAMIREZ PARCO, Gabriela. “Análisis y comentarios a la Jurisprudencia del Tribunal Constitucional”. En: Jus Constitucional; Análisis Multidisciplinario de la Jurisprudencia del Tribunal Constitucional. N° 11, Grijley, Lima Noviembre, 2008.
VARSI ROSPIGLIOSI, Enrique y CHAVES, Marianna. “Legalidad del matrimonio entre personas del mismo sexo en el Perú”. En: Gaceta Constitucional, Tomo 32, Gaceta Jurídica, Lima, Agosto 2010.
[1]ALBERDI, Juan Bautista. La Omnipotencia del estado es la negación de la libertad individual. Disponible en: <www.elcatoorg/La-Omnipotencia-del-estado-es-la-negación-de-la-libertad-individual>.
[2]Ley de 15 de Julio de 1954 que modifica los art. 2º y 6º de la Ley de Vagos y Maleantes de 04 de agosto de 1933 prescribía: “Artículo dos: Podrán ser declarados en estado peligroso y sometidos de la presente Ley: (…) numero segundo.- Los homosexuales, rufianes y proxenetas. Artículo sexto  numeral segundo.- A los homosexuales (…) se les aplicarán (…) las siguientes medidas: a.- Internado en un establecimiento de trabajo o Colonia Agrícola. Los homosexuales sometidos a esta medida de seguridad deberán ser internados en Instituciones especiales y, en todo caso, con absoluta separación de los demás.    
[3] Socialismo y derechos LGBT. Disponible en:  <https://es.wikipedia.org/wiki/Socialismo_y_derechos_LGBT>
[4]STUARLL MIL, Jhon; Sobre la libertad, Ediciones Orbis, Buenos Aires, Argentina, 1980, p. 26.
[5] Los primeros países en incorporar el matrimonio homosexual en sus ordenamientos legales tenemos Holanda (2000), Bélgica (2003),  España (2005), Canadá (2005),  Sudáfrica (2006), Noruega (2009), Suecia (2009), Portugal (2010), Islandia (2010), Argentina (2010), Dinamarca (2012), Nueva Zelanda (2013), Francia (2013), entre otros países.  
[6]Ver: caso Salgueiro da Silva Mouta vs. Portugal (1999); Caso Frette vs. Francia (2002); caso Van Oosterwyck vs. Bélgica (1980), caso Res contra Reino Unido (1990) y caso Cossey contra Reino Unido (1999); casos de I contra Reino Unido (2002) y Christine Goodwin contra Reino Unido (2002).
[7]Ver: Opinión Consultiva OC-4/84 (1984); Opinión Consultiva OC-18/03 (2003); caso Yatama vs. Nicaragua (2005); ATALA RIFFO Y NIÑAS Vs. CHILE (2012).
[8] Constitución de 1993, artículo 4: “La comunidad y el estado protegen (…) a la familia y promueven el matrimonio. Reconocen a estos últimos como institutos naturales y fundamentales de la sociedad”. 
[9] Según nuestra constitución, no se debe dejar de administrar justicia por vacíos o deficiencias de la ley (art. 139 inciso 8).
[10] El Código Civil no prescribe que el matrimonio es únicamente la unión entre un hombre y una mujer.
[11] HABERMAS, Jurgen. El concepto de dignidad humana y la utopía realista de los derechos humanos, LVDianoia, mayo 2010, p. 64.  
[12] KANT, Enmanuel. Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Trad. Castellana Norberto Smilg Vidal, Madrid, Santillana 1996, p. 56.     
[13] El derecho-principio a la libertad individual, también denominado libre desarrollo de la personalidad, se encuentra consagrado en nuestra constitución en el artículo 2 inciso 1): “toda persona tiene derecho (…) al libre desarrollo y bienestar.
[14]  Este derecho se encuentra en nuestra carta magna en el inciso 2) del artículo 2°:“Toda persona tiene derecho a la igualdad ante la ley. Nadie debe ser discriminado por motivo de origen, raza, sexo, idioma, religión, opinión, condición económica o de cualquier otra índole”.          
[15] HAYEK F.A.   Los  Fundamentos  de  la  Libertad,  Ed. Fomento de Cultura, Valencia, 1961, T. I. p.175.   
[16] La Declaración Universal de los Derechos Humanos en su art. 16° inciso 1), el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos en su art. 23° incisos 1) y 2) y la Convención Americana sobre Derechos Humanos en su art. 17° numeral 1) y 2) consagran que los hombres y mujeres tienen derecho a contraer matrimonio y fundar una familia conforme a las leyes internas, siempre y cuando no afecten el principio de no discriminación.
[17] RAMIREZ PARCO, Gabriela. “Análisis y comentarios a la Jurisprudencia del Tribunal Constitucional”. En: Jus Constitucional; Análisis Multidisciplinario de la Jurisprudencia del Tribunal Constitucional. N° 11, Grijley, Lima,   Noviembre 2008, p. 85.       
[18] El derecho a la identidad se encuentra consagrado en el artículo 2°.1) de nuestra constitución que expresa que toda persona tiene derecho a la identidad.
[19] Tribunal Constitucional, Expediente  Nº 1797-2002-AI/TC, Lima 29 de enero de 2003 (fund 3)
[20] VARSI ROSPIGLIOSI, Enrique y CHAVES, Marianna. “Legalidad del matrimonio entre personas del mismo sexo en el Perú”. En: Gaceta Constitucional, Tomo 32, Gaceta Jurídica, Lima, Agosto 2010, p. 33.

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